martes, 12 de junio de 2018

Ritos fúnebres que los inmigrantes importaron a Bs.As

Al pie del ataúd, entre 16 velas que ardían en el piso, había seis vasos con distintas bebidas, una bolsa con hojas de coca, un pack de seis botellas de 2,25 litros de Manaos sabor lima limón, cinco tetrabrik de vino tinto Uvita y un plato con una empanada. Elena Moscoso Colque tomó uno de los vasos, que tenía servido un "canelado" (agua, canela, anís Ocho Hermanos y azúcar). Volcó unas gotas a la derecha del cajón, otras a la izquierda, se persignó y tomó un trago a la memoria de su primo Gualberto Colque, de 33 años, nacido en Sucre, Bolivia, y muerto el viernes en Buenos Aires.
Su velorio congregó a unos cincuenta amigos y parientes, todos vestidos de negro, que se sucedieron desde la medianoche del domingo hasta el alba del lunes en un estrecha cochería de Parque Avellaneda. Entre el olor acre de las hojas de cocas quemadas como ofrendas, y sobre el piso pegoteado por las muchas bebidas derramadas, rezaron varias veces el Padrenuestro y el Ave María. Después cantaron canciones de algunos de los artistas favoritos de Colque, como Yarita Lizeth y Sonia Morales. También comieron empanadas y sándwiches, y tomaron café, vino, canelado y gaseosas. A las nueve partieron con el cajón hacia el cementerio de San José de Flores.
Los rituales fúnebres del velorio, la sepultura en tierra y la visita al cementerio son tres costumbres cada vez más en desuso entre los porteños. En la ciudad, las cremaciones ya superan a las sepulturas. El año pasado hubo 11.436 inhumaciones y 13.591 cremaciones. "Nos criamos negando la muerte: cuando a un niño se le muere su mascota le decimos que se fue", dijo el profesor Ricardo Péculo, especialista en ritos funerarios. Sin embargo, estas tradiciones mortuorias sí se mantienen vigentes entre los inmigrantes.
los peruanos velan a los muertos en su domicilio. "Durante la ceremonia, que suele durar unas 24 horas, se sirve carapulcra, un plato heredado de los Incas, preparado con carne y papas secadas con hielo en los Andes. Se bebe café y bebidas alcohólicas: anisado, pisco, ron", detalló Cárdenas, y sintetizó: "Al inicio del velorio son todo lágrimas. Pero con las anécdotas, el alcohol y la música, después se ameniza".
"Los paraguayos no estamos de acuerdo con la cremación", explicó Sergio Acosta, secretario de la Casa Paraguaya en Buenos Aires. Y agregó que, en lo posible, los paraguayos prefieren ser enterrados en su tierra natal.
El rezo de la novena es una de sus costumbres fúnebres más respetadas. Durante nueve días, desde el fallecimiento, los familiares del difunto se reúnen todos los días a la misma hora para rezar el rosario. "El último día, para celebrar la purificación del alma del muerto, se sirve una picada, algunos bocaditos y la infaltable sopa paraguaya", explicó Acosta.
Hay otra tradición fúnebre que los paraguayos observan con rigor: "En el féretro no debe quedar ningún espacio vacío. Si no, la muerte se llevará a otro integrante de la familia", explicó Acosta. En las familias más ortodoxas, las viudas conservan el luto hasta dos años.
El Buenos Aires hay radicados 80.325 paraguayos, según el censo de 2010. Muy devotos de la Virgen de Caacupé, un 90% de los paraguayos son católicos, según datos censales de ese país.

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